jueves, 15 de enero de 2026
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Demarcación territorial

En nuestro caso, ninguna autoridad ha tenido el cuidado de tener una compilación de las disposiciones de creación política de nuestros pueblos ni de una biblioteca básica que cuente con la información sobre el tema, que esté a la mano para orientar a la población y a sus dirigentes.

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POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS

No bien se puso en práctica la regionalización en el segundo gobierno del Apra bajo la presidencia de Alan García, con el fin de llevar a cabo una mejor administración de los recursos en aras de un armónico desarrollo nacional, por paradójico que parezca se agudizaron los problemas de la demarcación territorial en todos los confines del país, hasta llegar a los extremos de tener hoy conflictos intolerables.

Desde entonces somos testigos de verdaderas luchas por definir los límites entre distritos de una misma provincia, entre provincias de un mismo departamento, entre departamentos de un mismo país que es unitario.

Desacuerdos que llevan a un apasionado enfrentamiento que conduce a la agresión verbal, escrita, hasta llegar a las vísperas con desbordes de amenaza física. Vehemencia y pasión como la que suele ponerse en los conflictos internacionales por los mismos problemas limítrofes.

No se han percatado que a los departamentos de ayer ahora se les llaman regiones y que la ley establece que las regiones se forman por la unión de dos o más departamentos. Es decir, de acuerdo a la ley, no existen regiones. Legalmente en el Perú no existe una sola región, ninguna se ha formado por la unión de dos departamentos. Sin embargo, en todo nuestro ordenamiento jurídico se habla de regiones y se ignora a los departamentos. En consecuencia, existen los departamentos y también las regiones, a la vez. Moquegua es región y es departamento, al gusto de cada uno, y en cada caso estará amparado por la ley y … desamparado también. Vivimos en medio de este desordenamiento jurídico. La descontrolada proliferación de pseudopartidos y candidaturas es el síntoma oncológico de nuestra realidad.

El sabio Antonio Raimondi, que recorrió todo el país investigándolo durante veinte años, publicó en 1874 su vasta y admirable obra “El Perú”.

Aquí nos dice con mucho acierto que “pocos países habrá en el globo cuya demarcación territorial esté tan sujeta a variar como en el Perú: parece que la inestabilidad fuese la ley de la división política. No hay Congreso que no cree algún nuevo departamento, provincia o distrito; y este cambio trae consigo la confusión, […] y el móvil principal de estos continuos cambios es frecuentemente el interés particular de algún diputado […]”.

Desafortunadamente, después de casi siglo y medio, estos vicios señalados por Raimondi aún se siguen poniendo en práctica, pues se continúa modificando arbitrariamente los límites sin el menor criterio técnico.

El origen de esta disputa debemos encontrarla en que, carentes de un proyecto nacional integrador que sea viable y de líderes que los planteen, nuestra demarcación política se modifica sistemáticamente con ligereza y muchas veces con torpeza, atizando así las discordias.

No debe sorprendernos que periódicamente nos veamos sacudidos por reclamos tan airados como extemporáneos y absurdos en una época en la que todos debemos estar unidos tras un plan de desarrollo nacional integral.

En nuestro caso, ninguna autoridad ha tenido el cuidado de tener una compilación de las disposiciones de creación política de nuestros pueblos ni de una biblioteca básica que cuente con la información sobre el tema, que esté a la mano para orientar a la población y a sus dirigentes. No obstante, de tratarse de una imperiosa necesidad y tener actualmente los recursos suficientes ¿quién se ocupa de atender nuestras bibliotecas y archivos y de fomentar la investigación de nuestra realidad?

Insistimos en la necesidad de crear la Biblioteca Moquegua, y lo seguiremos haciendo, que nos permita hacer los trabajos de investigación aquí, sin necesidad de ir a otras ciudades para conocer lo nuestro. Y, desde luego, un archivo moderno, digitalizado. Tenemos los recursos de sobra para ello. ¿Por qué no se hace? ¿Qué nos falta?

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