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PetroPerú y la planificación nacional: ¿Lastre fiscal o integración energética andina? (I)

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Por: M.Sc. Arq. MBA © Gustavo Puma Cáceres

El 2014, estuve como jefe de Proyectos para la refinería de Conchán en PetroPerú. Para entonces, presencié el inicio de la crisis actual que va más allá de un problema fiscal; es síntoma de la ausencia de una política de Estado en hidrocarburos y planificación territorial. Sin ello, la infraestructura estatal no puede ser el eje geopolítico para la integración energética andina. Redefinir el rol de PetroPerú como articulador de dicha integración es clave para la soberanía energética e impulsar el desarrollo industrial. En esta columna entrego el Diagnostico Territorial y Análisis y las propuestas para la segunda parte.

I. DIAGNÓSTICO TERRITORIAL: UNA CRISIS DE VISIÓN

La crisis global energética, agravada por la intervención o invasión a Venezuela, la guerra en Ucrania, la probable invasión a Groenlandia (Dinamarca) y la transición hacia fuentes más limpias amenaza la seguridad de las naciones. En América del Sur, esto se combina con una profunda fragmentación regional. En Perú, el debate público se ha reducido a analizar los estados financieros deficitarios de Petroperú, transformando un tema de soberanía nacional en un mero problema fiscal. Si bien su crisis económica es real y urgente, limitar el diagnóstico a sus números es un error de miopía política.

La infraestructura sin visión territorial es un elefante blanco. La pregunta central no es solo cómo salvar una empresa, sino para qué la salvamos. ¿Puede la planificación territorial nacional, a través de una empresa estatal redefinida, ser el motor del desarrollo nacional y de una integración andina real y beneficiosa?

TESIS: LA VISIÓN DE «CIUDAD Y TERRITORIO»

La tesis de esta columna es que se debe de redefinir el rol de la estatal no debe analizarse de forma aislada PetroPerú, debe trascender su actual problema financiero y su ámbito nacional restringido para convertirse en un instrumento fundamental de planificación energética y cooperación regional.

La refinería de Talara y el oleoducto Nor y Sur peruano no deben verse como activos aislados o meros fierros industriales, sino como piezas clave en el engranaje mayor de la integración sudamericana. La visión de «ciudad y territorio» que defendemos implica asegurar los recursos energéticos que mueven nuestras urbes de costa, sierra y selva. Sin energía segura y a precios competitivos, no hay transporte, no hay industria y no hay ciudades sostenibles.

II. ANÁLISIS: PETROPERÚ EN LA ENCRUCIJADA NACIONAL Y REGIONAL

a) La planificación nacional ausente.

El Perú carece de una política de Estado en hidrocarburos a 30 años. Solo existen decisiones reactivas, marcadas por los ciclos de precios, y una visión cortoplacista que prioriza la renta inmediata sobre el desarrollo integral. Se ha confundido «concesión» con «planificación»: por décadas, el Estado se limitó a entregar lotes y cobrar regalías, abdicando de su rol rector. Las consecuencias son visibles: ciudades petroleras sin servicios básicos (Tumbes, Piura, Iquitos), pasivos ambientales no remediados y una total desarticulación entre la producción energética y el desarrollo industrial. No hay un plan maestro que vincule la extracción con la creación de polos petroquímicos o industriales. Por ello, existe una desconexión total entre la producción amazónica y la transformación industrial en la costa.

La crisis de PetroPerú es el síntoma de un país que dejó de planificar su futuro energético y delegó al mercado decisiones estratégicas que requieren una visión de Estado. Como señala el Dr. Fernando Ochoa, experto en planificación energética de la UNI: “se administró la riqueza como un comerciante, no como un estratega”, resultando en un territorio desarticulado donde la infraestructura energética no impulsa proyectos de desarrollo regional.

b) PetroPerú más allá de la refinería:

Debemos dejar de ver a PetroPerú únicamente como una refinería en Talara. La empresa posee un activo intangible que a menudo se subestima: su capital humano, su know-how logístico y su presencia histórica en las zonas más complejas de la geografía nacional. Este capital debería ser el brazo técnico ejecutor de una política energética integrada. Su rol podría expandirse hacia la gestión inteligente de la cuenca amazónica, no solo en exploración y producción, sino en logística y transporte fluvial, y hacia el desarrollo de corredores energéticos andinos que conecten la selva con la costa y, potencialmente, con los países vecinos. Desmantelar o reducir a su mínima expresión esta capacidad técnica sería tirar por la borda décadas de aprendizaje institucional que el sector privado, por sí solo, difícilmente replicará en zonas de baja rentabilidad inmediata pero alta necesidad social.

c) El rol estructurante de la infraestructura.

En la planificación territorial, existen infraestructuras que «hacen ciudad» y «hacen territorio». La nueva refinería de Talara y el sistema de transporte, incluyendo la proyección necesaria de un fortalecido sistema de ductos en el sur (la visión de un oleoducto o gasoducto Sur Peruano eficiente), son la columna vertebral energética del país. Sin una empresa estatal fuerte y eficiente que gestione o regule estratégicamente estos activos, perdemos el control sobre nuestro propio ordenamiento territorial. Estas infraestructuras determinan por dónde fluye la energía para la minería, la agricultura y el transporte masivo. Ceder el control total de estas “arterias” sin una contraparte estatal sólida nos deja vulnerables ante shocks externos de precios o decisiones corporativas ajenas al interés nacional. La infraestructura energética nacional es soberanía tangible.

d) La dimensión andina: Oportunidad de Integración:

Aquí radica la oportunidad geopolítica. La región andina comparte una vulnerabilidad energética crítica. Mientras unos tienen gas, pero no líquidos, otros tienen capacidad de refinación, pero reservas decrecientes. Bolivia tiene gas, pero limitada capacidad de refinación; Ecuador y Colombia producen crudos con características diferentes a los peruanos; Chile depende críticamente de importaciones. Perú, con la refinería de Talara (la más moderna de la costa Pacífico sudamericana) y potencial amazónico, podría ser el nodo central. Fortalecer PetroPerú sería clave para crear una seguridad energética andina integrada, reduciendo costos logísticos y la dependencia de la volatilidad global. El Parlamento Andino debe ser el foro donde se debata esta «OTAN energética» sudamericana.

e) Crítica constructiva: la mirada hacia adentro.

Históricamente, el Perú ha planificado sus recursos energéticos de espaldas a sus vecinos. Miramos hacia adentro, aislados, o hacia ultramar, buscando mercados lejanos, ignorando el potencial de sinergia con los países andinos. El oleoducto norperuano, fue concebido para llevar crudo a la costa peruana, pero su lógica podría extenderse hacia el norte, interconectándose con la infraestructura ecuatoriana. No se trata de un romanticismo unionista, sino de una lógica económica y de seguridad: un mercado integrado andino sería más estable, eficiente y atractivo para la inversión en infraestructura de mayor escala.

III. CONCLUSIÓN: INFRAESTRUCTURA, PLANIFICACIÓN Y VOLUNTAD POLÍTICA

La crisis de PetroPerú es una oportunidad para un replanteamiento y restructuración estratégico de fondo. Salvarla no significa perpetuar un modelo ineficiente, sino transformarla en un instrumento al servicio de un proyecto nacional y regional claro. Requiere una reforma profunda en su gobernanza empresarial, una inyección de capital con estrictas condicionalidades de desempeño y, sobre todo, un nuevo mandato. La integración andina ofrece una salida viable, un mercado ampliado, seguridad compartida y complementariedad de recursos. Sin embargo, esto requiere voluntad política para usar espacios como el Parlamento Andino y capacidad técnica para ejecutar una visión de Estado.

Salvar a PetroPerú exige dejar de verla como un «problema fiscal» y empezar a gestionarla como un «activo geopolítico». La integración andina no se decreta en discursos protocolares; se construye con infraestructura física tangible, con planificación territorial visionaria y con voluntad política concreta. La integración no se decreta, se construye con infraestructura y planificación estratégica.

Crisis PetroPeru IA Gustavo Puma La Prensa Regional

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