POR: NOLBERTO ARATA HURTADO
Cuando niño, recuerdo que, en nuestro Moquegua, la educación inicial se daba en forma privada, para niños y niñas, por las hermanas Rosa y Josefa Bayarry. Nos enseñaban los primeros trazos, que eran los palotes, y hacer la O por redonda, y luego a dibujar las letras e identificar los números. El “colegio” estaba en la esquina de la plaza, donde ahora funciona el museo Mariátegui. El otro centro para enseñar a los niños, con mejores instalaciones y procedimientos, estaba en Belén, que lo llamaban “El asilo”, y las monjas y profesoras eran las responsables de su gestión.
La educación primaria para los niños se realizaba o en el colegio elemental, ahora 980, conocido como el de Alfonso Chávez por ser el director. Allí estudié transición con la profesora Chela Liendo, y por el año 1953 se inauguró el nuevo local del colegio Rafael Díaz y su director fue el profesor Carlos Kuon Cabello, y como portero el recordado Lucho Arámbulo. Allí estudié primero de primaria con la profesora Julia Morán, segundo con Dora Benavente y tercero con Carlos Salas. En cuarto fui, con otros compañeros, fundador del colegio anexo al colegio “La Libertad” y el director fue el prestigiado profesor Hugo Díaz Vargas, un apasionado de la ortografía.
La educación primaria de las niñas la hacían en el colegio de Floricelda, identificado así por el nombre de su directora y quedaba en la calle Moquegua, o en el Ángela Barrios, al frente de la iglesia en la calle Tacna.

La educación secundaria fue mixta hasta la creación del colegio Santa Fortunata, en que separaron hombres de mujeres. El colegio “La Libertad”, bajo la dirección de don Humberto Oliveros Márquez y la participación del alumnado y padres de familia, construyó una piscina olímpica con trampolín, preparada para saltos ornamentales. Para la inauguración, como he indicado en nota anterior, participaron el campeón nacional, el campeón de Arequipa y alumnos del colegio, entre otros: Germán Morón “Pecho de lata”, “La Vieja” Víctor Cuéllar Ávalos. La competencia la ganó nuestro Germán, para gran alegría de los moqueguanos. También hubo competencia de mujeres en los distintos estilos y distancias. Todas estas actividades se realizaban gracias a las enseñanzas del profesor de educación física “El Negro” Hermógenes Arenas, perseverancia y disciplina de los alumnos.
Cuando las monjas de Santa Fortunata tomaron el control de las instalaciones, cubrieron la piscina con tierra, porque para ellas era de muy mal gusto y hasta pecado que las jóvenes exhibieran su cuerpo. Ahora considero que se podría desenterrar la piscina y ponerla al servicio de la comunidad con el nombre de “Humberto Oliveros Márquez”.
El Colegio Nacional “La Libertad” se convirtió en Gran Unidad Escolar Simón Bolívar y, en el año 1959, también fui parte de los alumnos que ocupábamos las nuevas instalaciones ubicadas donde hasta ahora se encuentran.
Gracias por leerme y continuaremos con los recuerdos.


